CONVERSATORIO DE ORTODOXIA
CAPÍTULO 6 LAS PARADOJAS DEL CRISTIANISMO
1 .Identificar el elemento a la que se refiere el capítulo
Demostrar que cuando sentimos que hay algo extraño en la teología cristiana, generalmente encontramos que hay algo extraño en la verdad.
2. Describir como aborda (cuál es su argumentación) al respecto
El autor presenta diferentes ejemplos en los que personas con puntos de vista liberales o externos al cristianismo, toman posiciones totalmente opuestas en cuanto a eventos o características del cristianismo. El autor resalta que muchas de estas afirmaciones hechas por diferentes personas no eran más que formas de defender su propia corrupción que chocaba frente a la luz del cristianismo y que tales afirmaciones no eran hechas de una manera objetiva, ya que, en la mayoría tomaban casos o pasajes aislados sin tomar en cuenta el balance o el equilibrio de las Escrituras. Por tanto para el autor resultó más sensata la verdad del cristianismo que las afirmaciones de sus opositores.
3. Criticar (evaluar) la validez de su postura
Considero que es válida al momento de sopesar los argumentos que sustentan una posición ya que en el caso de cristianismo, la gran mayoría del tiempo, sus opositores tratan de justificar su maldad frente a la luz del pecado, más no hacer un análisis objetivo de cualquiera que sea el caso.
4. Señalar la manera en que hoy es posible valerse (o no) de sus planteamiento
El mundo no deja de estar en contra de la verdad expresada por el cristianismo así que me parece útil al momento de analizar las motivaciones que están detrás de ciertas afirmaciones.
Un elemento fundamental en el ejercicio de las disciplinas espirituales es la perseverancia. Sin la perseverancia es bastante difícil ver el fruto de cualquier disciplina espiritual; al igual como sucede con los músculos, si yo levanto pesas una vez a la semana o al mes, jamás voy a ver mis bíceps bien formados. Un segundo elemento también importante es la motivación correcta. Si yo no tengo una buena motivación para practicar una disciplina es muy probable que me desanime e incluso pierda el interés en la misma.
En cuanto a las disciplinas espirituales mi motivación personal es tener una mejor relación con Dios y que mi carácter sea cada vez más formado a su imagen. Esta, entre otras, es la razón por la cual el Señor me trajo al seminario y la cual me motiva a seguir adelante en este proceso.
Pero también otro tercer elemento importante es la decisión, puesto que, aunque tenga la motivación correcta sin haber decidido cumplir un objetivo, pueda que no llegue a ningún lado.
La combinación de estos tres elementos nos puede ayudarnos a ver resultados evidentes en nuestras vidas, no solo en cuanto a las disciplinas espirituales, sino en otros ámbitos de nuestra vida.
Me llama mucho la atención la afirmación que hace Foster que dice que “somos llamados a un perpetuo júbilo del Espíritu” ya que está presente la idea de que nuestro gozo no debe estar condicionado por cosas externas ya que la fuente del mismo yace en el Espíritu.
En realidad son más, y bastante profundas, las razones para practicar la disciplina del gozo que para no hacerlo, y esto radica en verdades fundamentales como: que hemos sido rescatados de la muerte, hemos sido reconciliados con el Padre, nuestros pecados han sido perdonados y ahora somos libres. Estas verdades son inalterables, empezado por que no nacieron en nosotros sino que a Dios le plació, en su infinita misericordia, hacernos hijos suyos; así que, el gozo tampoco debe ser alterado por otras condiciones.
Aunque por experiencia propia sé que a veces no es fácil, pero en realidad la práctica del gozo, a pesar de ser difícil al principio trae libertad y nos ayuda a sobrepasar las dificultades. Así mismo, creo que como creyentes tenemos la responsabilidad de reflejar el gozo y el agradecimiento a Dios de manera sincera, con el propósito de reflejar el fruto del Espíritu en nuestra vida y que eso mismo sea testimonio a los otros ed la obra que Dios ha hecho en nosotros.
Estoy seguro del proceso de formación que Dios está llevando a cabo en mi vida y estoy agradecido porque he visto el fruto de la obra del Espíritu en esta área, aunque reconozco que hay un largo camino por recorrer.
Creo que la disciplina de la confesión es de gran beneficio para nuestra vida como creyentes. Si bien debemos presentarnos primero ante Dios y confesar nuestros pecados, sabiendo que Él es fiel y justo para perdonarnos, la práctica de la confesión con un hermano en la fe nos ayuda de cierta manera a desarrollar un proceso de restauración.
Soy testigo de procesos de disciplina donde la persona que confiesa su pecado siendo parte del liderazgo dentro de la iglesia deja de ejercer su labor y simplemente entra en un proceso de observación donde lo único que se observa es que siga asistiendo a las reuniones obligatorias; y al pasar el tiempo de disciplina, esta persona vuelve a caer en lo mismo porque no tuvo un proceso de restauración. Por lo tanto es necesario que la disciplina de la confesión vaya acompañada de un acompañamiento de parte de una persona responsable y madura espiritualmente.
Viéndolo desde otro punto de vista, el del confesor, creo que es necesario también ser sensible a la necesidad y las luchas del confesor; estar dispuestos a escuchar, estar pendiente del progreso de la persona y, por supuesto, a orar e interceder por el confesante.
La confesión es una disciplina que requiere de disposición y decisión de cada una de las partes, lo he practicado y como confesor he recibido bastantes beneficios pero como confesor, confieso que no he hecho bien mi labor. Que Dios nos ayude a cumplir con esta gran responsabilidad. Por lo menos a partir de esta reflexión ya tengo un precedente para mejorar.
Ya que no pude dar mi apreciación de la carta que escogimos esta mañana en clase por la falta de tiempo, quisiera hacerlo por este medio.
La carta que escogimos fue la número XXIV que habla sobre el orgullo espiritual. De esta carta podemos sacar varios aspectos con los que debemos tener cuidado en nuestro caminar cristiano. Uno de estos aspectos con el que me veo comúnmente tentado es el de menospreciar enseñanzas o predicaciones pobremente hechas. Y mi problema radica en que me molesta la actitud de muchos pastores que se paran ante multitudes a hablar “tonterías” o a manipular a la gente, pero muchas veces no hago distinción entre este tipo de personas y los siervos que Dios ha puesto en su misericordia a ministrar la Palabra así ni tengan preparación ministerial.
Es muy fácil querer sentirse especial porque estudiamos teología y por el hecho de aprender algo nuevo, por mínimo que sea, empezar a juzgar el ministerio de otros. Pero doy gracias a Dios por su Palabra y por momento de reflexión como los que he tenido con el libro de “Cartas del Diablo a su sobrino”, porque nos recuerdan que no merecemos de los dones que Dios nos ha provisto, que su gracia alcanzo para darle gloria a Él.
Continuamente me debo estar preguntando “¿de qué, precisamente, me estoy felicitando?”, ¿acaso, mis comentarios o apreciaciones reflejan el amor de Dios? , y si me llegara a creer en algún momento gran cosa ¿que soy frente a la majestuosa persona de Dios?
Perdóname Señor porque muchas veces he permitido que el orgullo espiritual sea parte de mi vida y ayúdame a glorificarte en todo lo que piense, diga y haga.
El servicio
Quisiera continuar con la experiencia adquirida en la iglesia donde serví por mucho tiempo, lo hago, no por criticar o porque haya quedado traumado (bueno tal vez un poquito jeje), sino porque realmente me sirvió de mal ejemplo para evitar muchas cosas en cuanto al desarrollo de mi ministerio y, por supuesto, en cuanto a mi relación con Dios.
No tuvo que pasar mucho tiempo después de que empecé a asistir a la iglesia para que creciera un anhelo en mí por servir a Dios. Constantemente en la iglesia me invitaban a ser parte del liderazgo y hasta me "profetizaron", así que, empecé a hacerlo. Me involucré cada vez más y en mi corazón había una entrega sincera al servicio de Dios, pero con el pasar del tiempo se convirtió en un montón de compromisos obligatorios que finalmente llevaron a la desilusión. Incluso era obligatorio tener ciertos dones para demostrar mi capacidad para servirle a Dios, dones sobrenaturales que, según ellos, dependían de mi santidad. Estos dones nunca llegaron y por diferentes circunstancias terminé a no querer nada que tuviera que ver con esa iglesia; pero mi relación con Dios no se vio afectada, se transformó en buena manera.
Al pasar el tiempo y habiendo vivido estas cosas, mi anhelo por servir ha crecido y se ha afianzado; y como escribí en la publicación del blog anterior, han sido un ejemplo a “no tomar” y más bien, uno de mis deseos es contribuir a corregir ese tipo de errores dentro de la iglesia mediante la predicación y el servicio a otros. Aunque en este momento no hago parte de ninguna iglesia o denominación, tengo la confianza en que Dios me pondra en el lugar que Él desea. Por ahora sirvo en el contexto en el que estoy, empezando por mi hogar.
La sumisión
Desde hace un tiempo el principio de vivir en sumisión a la voluntad de Dios y aceptar Su soberanía ha cambiado en vida en gran manera. Por mucho tiempo asistí y serví en una iglesia donde el abuso de la sumisión se daba en mucho niveles; el líder de la iglesia constantemente amenazaba y manipulaba al liderazgo de la iglesia, obligándonos a estar la mayoría del tiempo posible ejerciendo diferentes funciones dentro de la iglesia, haciéndonos ver que era nuestra obligación hacerlo y que a medida que Dios nos bendecía debíamos ser mas agradecidos sirviendo dentro de la iglesia. Así mismo, nuestro compromiso debía reflejarse en nuestras finanzas y se nos exigía ser cumplidos mensualmente con el diezmo, pactos y ofrendas.
Pero el abuso mayor, como también lo considera Foster, era el abuso de la Palabra en la predicación. Continuamente la predicación forzaba la Palabra a sustentar la visión y los propósitos del pastor y un elemento esencial era la declaración positiva la cual no era más que un intento de torcer el brazo de Dios en cuanto a las diferentes situaciones de la vida. Este tipo de abuso de la sumisión nos llevaba a no estar rendidos a la voluntad de Dios, a no entender Su soberanía en cada uno de los aspectos de nuestra vida sino a pensar que la vida en realidad debía ser como nosotros queríamos o según el modelo que el pastor planteaba.
Hoy en día procuro practicar la disciplina de la sumisión de manera correcta, en relación con Dios y con mis hermanos.
Creo que el retiro no es una práctica que alguna vez haya practicado, por lo menos no un tiempo prolongado, pero sí quisiera hacerlo. He vivido momentos en los que me he sentido abrumado, confundido y estresado, en los que sé que se tuviera que decir algo, después me arrepentiría. En estos momentos he tenido que salir a caminar y dirigirme a otro lugar donde no me encuentre con alguien conocido. Pero aunque pueda entrar en una especie de estado de “retiro” mental, el ruido y la situaciones que ocurren a mi alrededor continuamente desvían mi atención; pero aun así, confieso que me ha ayudado a despejar mi mente y a poner mi mirad en Dios en busca de respuestas y ¡El ha respondido!
Pero considero genial poder combinar esta disciplina con el silencio, estar en un lugar sin interrupciones donde toda mi atención este enfocada en esta en comunión con Dios.
Me encantaría tener un tiempo para estar alejado de todas las obligaciones y preocupaciones; y simplemente dedicar ese tiempo a reflexionar, meditar, orar y estudiar la Palabra. Realmente me gustaría porque aunque lo he hecho por cortos periodos de tiempo encuentro esta disciplina edificante en gran manera, es una excelente manera de re-enfocar nuestra vida siendo sensibles a la voz de Dios.
Un llamado irrevocable
Me pareció muy interesante ver la película de “ Todopoderoso” desde la perspectiva del llamado por primera vez, y al estar pendiente de las escenas que reflejaran aspectos del llamamiento pude encontrar bastantes.
El aspecto que más llamó mi atención fue que el llamado de Evan Baxter a cumplir con esta tarea específica era irrevocable. El diccionario de la Real Academia Española define irrevocable como algo que no se puede revocar, y así mismo, revocar se define como disuadir a alguien de un designio (entre varios significados).
Por más que Evan luchó por no continuar con esta tarea, Dios lo fue presionando cada vez más y encaminándolo hacia su llamado hasta tal punto que se vio sin salida y se resignó, quedando en ridículo ante todo el mundo.
Aunque la película nos muestra este aspecto del llamado en forma cómica creo que muchas veces, ante nuestra terquedad, Dios trata de esta manera con nosotros presionándonos de diferentes maneras para encaminarnos, pero ,en muchos casos, esto no ocurre de manera cómica; muchas veces tenemos que pasar por proceso dolorosos que nos obligan a cambiar la forma en que hacemos las cosas y, en muchos casos también, es después del proceso que cambiamos nuestra forma de pensar.
Doy gracias a Dios porque a pesar que somos tercos, Él no nos deja a la deriva sino que con amor (aunque a veces no lo veamos) nos dirige y encamina.
LA SENCILLEZ
Esta disciplina espiritual nos invita a hacer una pausa y pensar ¿cuáles son los motivos que me llevan a hacer lo que hago?, principalmente hablando en cuanto a los anhelos económicos, académicos y sociales.
Muchas veces sin darnos cuenta el entorno en el que vivimos va condicionando nuestra manera de pensar y de vivir, y así mismo respondemos, muchas veces con inmediatez, a los estímulos que agentes externos nos proporcionan. Estos agentes externos principalmente son los medios de comunicación. Estos nos bombardean constantemente con ideas materialistas que nos hacen anhelar cosas innecesarias, nos plantean un modelo de ser humano que si no se imita nos puede llevar a la frustración ya que no estamos reflejando este modelo.
En nuestro contexto (el Seminario) podríamos decir que dada la situación económica de la mayoría de los estudiantes, no se presenta esta manipulación, “por obligación”, ya que al no poseer recursos y por estar en un ambiente cristiano. Pero creo que la falta de sencillez se evidencia en nuestro trato diario con nuestros semejantes, el pensar que somos más que otros académicamente dentro y fuera del Seminario (en nuestras iglesias).
Esta disciplina también nos invita a compartir, a ser generosos con los regalos que Dios nos da y a poner siempre nuestra mirada en el Reino de Dios y su justicia, a anhelar a Jesús, su soberanía sobre nuestras vidas y a rendirnos a sus pies para servirle. El resto de cosas llegará por añadidura.